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Enero de 2026 instaló un titular que, a primera vista, suena a progreso social: ?El ingreso mínimo llegó a los $2 millones?. Para ser exactos, esta cifra corresponde a la suma del Salario Mínimo Mensual Legal Vigente ($1.750.905) más el Auxilio de Transporte ($249.095). En 2025, ese piso total era de $1.623.500. Si bien el aumento nominal es evidente, el problema más serio no radica únicamente en el valor del mínimo, sino en lo que sucede con el resto de la pirámide laboral.


El impacto más fuerte de esta medida cae sobre quienes ganaban ligeramente por encima del mínimo y no reciben aumentos proporcionales. Este efecto tiene un nombre técnico: compresión salarial. A esto se suma la inflación, que continúa presionando al alza y devalúa el ingreso real de todos los trabajadores. El resultado es una desmejora silenciosa, masiva y profundamente desmotivante para la clase media trabajadora, que representa a la gran mayoría de los colombianos.



1. La matemática de la pérdida: de estar ?arriba? a quedar igualado.


El conflicto no es que el mínimo suba, sino que la ventaja salarial de los perfiles calificados desaparece. Consideremos un ejemplo práctico:




2. La inflación termina de cerrar el cerco.


Aunque el salario nominal se mantenga, la capacidad de compra se reduce. La inflación sigue golpeando rubros básicos: alimentos, transporte, servicios públicos, educación y arriendos. Cada ajuste de precios se acumula mes a mes, y si el salario está congelado, cada incremento es una pérdida directa de bienestar. Por ello, incluso quienes reciben el aumento del mínimo sienten que el dinero ?no alcanza?, mientras que los profesionales en niveles medios retroceden aún más rápido hacia la vulnerabilidad económica.


3. La compresión salarial destruye el mérito.


Cuando el salario de entrada alcanza a los sueldos que antes correspondían a cargos de coordinación o mayor experiencia, el sistema envía un mensaje devastador: el esfuerzo adicional, la formación académica y el mejor desempeño terminan pagando casi lo mismo que el cargo más básico. Esto destruye el incentivo al crecimiento profesional, eleva los índices de rotación y debilita la cultura del mérito dentro de las organizaciones. No es un tema emocional; es economía básica aplicada al talento humano.


4. ¿Por qué no le suben a todos? Un país comprimido.


Colombia posee una estructura laboral frágil donde más del 55% de los ocupados están en la informalidad, según el DANE. En una economía con márgenes estrechos y un predominio de MiPyMEs con baja capacidad financiera, es posible subir el mínimo por decreto, pero resulta matemáticamente inviable incrementar proporcionalmente toda la escala salarial de una empresa. En consecuencia, el mínimo absorbe los salarios medios, la compresión se expande y la clase media se estrecha peligrosamente.


5. $2 millones: una frontera extremadamente frágil.


En 2024, la línea de pobreza monetaria para un hogar de cuatro personas era de $1.840.792. Un hogar que hoy percibe $2.000.000 queda con un margen de apenas $159.208 por encima de esa línea. Este ?colchón? desaparece con facilidad ante una enfermedad, un gasto escolar imprevisto o el aumento anual del arriendo. Estar por encima del mínimo hoy está lejos de ser un sinónimo de estabilidad financiera.


6. Casos cotidianos y mercado laboral.



7. Conclusión: El reto de proteger la escalera laboral.


El debate no debe centrarse solo en si el mínimo debe subir, sino en cómo evitar que la clase media se empobrezca desde el centro. Para enfrentar este desgaste, es necesario que tanto el Estado como las empresas tomen medidas estructurales:


Las empresas deben:


El Estado debe:

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