Vivimos en la era del exceso de información. Tenemos acceso a todo el conocimiento del mundo con un clic y, paradójicamente, esto ha generado una crisis de enfoque en los empresarios latinos. En lugar de utilizar esta información para especializarnos y ser los mejores en un nicho, hemos caído en la trampa cultural de querer "hacer de todo".
Esta mentalidad generalista, sumada a una coyuntura económica de altos costos laborales, está creando la tormenta perfecta para que se siga cumpliendo la estadística fatal: el 95% de las empresas desaparecen antes de cumplir los tres años.

1. La Trampa Cultural: El "Todero" vs. El Especialista
En nuestra cultura, a menudo se confunde la versatilidad con la falta de dirección. El emprendedor promedio siente que decir "no" a un negocio es perder dinero. Como resultado, vemos empresas de contabilidad que también venden seguros, ofrecen consultoría estratégica, realizan trámites de tránsito y, para complementar, venden café.
Este "exceso de oferta" interna diluye la propuesta de valor. Cuando intentas ser todo para todos, terminas no siendo nada para nadie. La falta de especialización impide la eficiencia operativa y la excelencia, dejándonos en un mar de mediocridad donde la única forma de diferenciarse es el precio.
2. El auge de la "Consultoría Express" y la ilusión de la IA
Me preocupa enormemente que hoy en día "todo el mundo" quiere ser consultor solo por tener alguna experticia o dominar un tema, sin entender la profundidad técnica y humana que esto conlleva.
A esto se suma el espejismo de la Inteligencia Artificial. Muchos creen erróneamente que la consultoría o la creación de contenido se reduce a dar una instrucción a una IA, "copiar y pegar" el resultado y venderlo como estrategia. La herramienta no hace al maestro. Sin criterio, experiencia y contexto real, la IA solo genera ilusiones. Usar la tecnología sin especialización real es solo otra forma de mediocridad automatizada que el cliente termina detectando y, al final, pagando caro.
3. Competir hasta perder el rumbo
La consecuencia directa de no especializarse es la guerra de precios. Al no tener un valor agregado claro, entramos en una competencia desleal y destructiva que agota los recursos y el ánimo.
Lo más alarmante es el desconocimiento financiero que impera en muchas PyMEs. Muchos empresarios bajan precios sin conocer sus costos reales o, incluso sabiéndolos, llegan al absurdo de competir perdiendo dinero. Venden para "mover la caja", ignorando que cada venta mal costeada es un paso hacia la insolvencia. No es el mercado el que los quiebra; es su propia estructura de costos invisible.
4. La Realidad Laboral: Presión Salarial y Supervivencia
A este escenario de gestión deficiente se le suma una presión externa ineludible: los constantes aumentos salariales y las cargas prestacionales.
La ecuación es dolorosa pero simple: si una empresa no es eficiente, no se ha especializado y compite con márgenes mínimos, no tiene colchón financiero para absorber reformas laborales. ¿El resultado?
5. ¿Cómo romper la estadística del 95%?
Para navegar el actual clima laboral y sobrevivir a los "tres años de la muerte", el empresario debe realizar un cambio de mentalidad radical:
Conclusión: El entorno no va a cambiar; los costos seguirán subiendo y la competencia será cada vez más voraz. La única variable que podemos controlar es nuestra estrategia.
Dejemos de ser "toderos" que compiten por centavos y convirtámonos en especialistas que compiten por valor real. Como bien se plantea en el método SIGMACORE, la gestión integral no es un objetivo operativo, sino una filosofía que articula cultura, estrategia y sostenibilidad. Esa es la única vía para evitar ser parte de la triste estadística de las empresas que quedaron en el camino.
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